Primavera 2026 · El vino
El Carignan que sobrevivió a un terremoto
El Carignan no es una cepa francesa de paso por Chile. En el Maule tiene una historia propia, y empieza mal: con un terremoto.

En 1939 Chillán quedó destruido. El Ministerio de Agricultura, buscando reactivar el secano costero del Maule, impulsó su replantación — y ahí entró el Carignan, mezclado con País para dar cuerpo y color al pipeño de la zona. Unas 850 hectáreas se plantaron entonces. Nadie las plantó pensando en patrimonio: se plantaron para sobrevivir.
Pasaron casi 70 años antes de que alguien le pusiera nombre a lo que había ahí. Recién en 2010 el Carignan del Maule se reconoció como lo que es: parras viejas, sin riego, un patrimonio que estuvo ahí todo el tiempo mientras el resto del mundo del vino miraba para otro lado.
La historia que se cuenta en la familia — de boca, no de papel — es que fue Paul Pacottet, con Alejandro Dussaillant Louandre, quien plantó ese Carignan en San Javier. Dussaillant había nacido en Lontué, se formó en viticultura en Europa, y volvió. Es la razón por la que el Arnoa Carignan lleva su nombre en la etiqueta: “Block: Mr. Pacottet.”
No hay papeles que lo certifiquen todavía. Hay una parra de casi un siglo, y una etiqueta que no lo olvidó.
Arnoa Carignan